Cuando tenemos que elegir la forma de transportar a nuestro bebé pasamos mucho tiempo pensando en el tipo de carrito que mejor nos conviene pero ¿es la mejor forma? La mochila, o el porteo, es la mejor forma de llevarlo y ayudarle para que se desarrolle bien.  Os damos 3 razones para llevar al bebé en mochila.

Los carritos son para los padres. Es la forma más cómoda para los adultos de transportar a un bebé, pero no la mejor. Si pensamos en lo que conviene más al bebé para su desarrollo motor y afectivo, nosotros no tenemos ninguna duda: la mochila (o los brazos, si pesa poco), es mucho mejor método que el carrito. ¿Por qué decimos esto? porque ayuda a madurar el sistema vestibular, previene las deformaciones de la cabeza y refuerza el lazo afectivo.

1. Maduración del sistema vestibular

El sistema vestibular es el principal responsable del equilibrio. Está presente en la vida uterina y es uno de los sistemas sensoriales más antiguos desde el punto de vista evolutivo. Su maduración se debe completar cuando somos bebés ya que es responsable de la coordinación de los ojos y de la cabeza en los distintos movimientos.

Este sistema se encuentra en la cabeza, en la zona del oído interno, y es el que informa al cerebro sobre cómo está la cabeza situada y si experimenta algún tipo de movimiento. Está formado por dos órganos: unos pequeños “contenedores” de un semilíquido que cae según la gravedad y estimula algunos cilios, unos pequeños “pelillos” que transforman ese estímulo en una información que el cerebro usa para equilibrarse. También hay unos canales semicirculares en los tres planos del espacio que se estimulan según el tipo de movimiento que hace la cabeza.

Cuando la cabeza se mueve, los ojos deben moverse para mantener estable nuestra visión. También se activan los músculos del cuello para mantener la cabeza bien situada en el espacio. Estos movimientos se realizan a través de un sistema reflejo clave para el equilibrio. Lo que no saben todas las personas es que los ojos y el cuello aprenden a moverse gracias a estos estímulos de la cabeza, que inicialmente son pasivos y que después, implican la participación activa del bebé cuando se le cambia de posición o se le lleva de un lado a otros rápidamente y empieza a girar la cabeza. Son los primeros movimientos, los pasivos, los que utiliza el cerebro para “entrenarse” en el movimiento de sus ojos y de la cabeza.

Este movimiento de ojos y de cabeza será fundamental en la vida y sólo puede desarrollarse si el sistema vestibular ha tenido los estímulos adecuados en el inicio y ha madurado. Pero ¿cómo podemos evaluar esta maduración? uno de los parámetros más interesantes es la integración del reflejo de Moro. Este es un reflejo primario que aparece ya en la etapa fetal y debería desaparecer en torno a los cuatro meses de vida extrauterina. Este movimiento reflejo se ve claramente cuando movemos rápidamente al bebé y abre los brazos de repente, se pone colorado y  después, cierra los brazos y empieza a llorar. Esto, que nos puede llevar a pensar que se ha asustado, es una respuesta refleja por estimulación del oído interno. Si los niños no integran bien este reflejo, pueden tener problemas para la lectura porque el movimiento ocular está dificultado, miedo a subirse a cosas altas o en movimiento o sentir mareo en los transportes. También se encuentra una mayor timidez y movimientos menos coordinados, además de falta de equilibrio (Goddard, 2010).

Para la integración del reflejo de Moro y la maduración del sistema vestibular es fundamental que el bebé sienta distintos tipos de movimiento en su cabeza y, de una forma especial, los movimientos de subir y bajar tal y como sucede cuando lo transportamos encima nuestro, en brazos o en la mochila.

 

2. Prevención de las deformidades posicionales de la cabeza

La plagiocefalia posicional es una alteración asimétrica del cráneo del bebé con zonas de claro aplanamiento, relativamente frecuente (hasta un 20% de los bebés según Robinson et al. 2009). En general se produce por causa de fuerzas externas aplicadas sobre el cráneo en el útero o después del parto. Hay autores que opinan que los protocolos de dormir boca arriba han aumentado la frecuencia de estas alteraciones. Sin entrar a discutir la posición ideal para dormir del bebé, el mayor número de horas con el bebé tumbado boca arriba puede ser un claro factor causal o agravante de este tipo de asimetrías. En otro artículo describimos la importancia de tratar este tipo de alteraciones lo antes posible con terapia manual, osteopatía craneal o “casco” ortésico, especialmente antes de los 4 meses, momento en el que empieza la osificación del cráneo. Pero por supuesto también después.

 

3. Mejora del lazo afectivo y del sistema inmunológico

A pesar de lo que diga la cultura popular, un bebé de pocos meses no es un caprichoso que se puede acostumbrar a que lo tengan en brazos. Tener al bebé pegado a nosotros es un hecho absolutamente fisiológico y totalmente coherente con un sentido evolutivo del ser humano. Por si esta opinión fuera poca cosa, hay numerosos estudios que muestran cómo los bebés sin contacto sufren grandes alteraciones psicológicas y cognitivas (Franks, 2010). También se ha visto que el sistema inmunológico del bebé experimenta un rápido desarrollo en bebés que se han puesto en contacto piel con piel (skintoskin) con sus padres. Esto se ha desarrollado en bebés prematuros en distintos países. Al inicio fue una práctica de países en vías de desarrollo con insuficientes incubadoras para estos bebés. Los resultados en cuanto a esperanza de vida y salud de los bebés con este protocolo ha llevado a algunos de sistema de salud de los países más avanzados a utilizarlo para sus bebés con problemas (Blomqvist et al., 2013). Llevar al bebé pegado al cuerpo supone también muchos beneficios psicológicos para los padres (Boukydis, 2011). Entre estos beneficios está la disminución de la ansiedad. ¿Acaso alguien puede nombrar una experiencia más placentera, relajante y profunda que tener a un bebé dormido en su regazo? Puedo asegurar que no hay nada comparable.

 

Conclusión

Tener carro es algo fantástico, es confortable para los padres y para el bebé, permite llevar al bebé contigo sin renunciar a otras tareas como tomar un café con amigos, hacer la compra o incluso abrir la puerta de casa. Pero hemos de tener claro que está para eso. No podemos pensar que salir a dar un paseo con el bebé en carro sólo por dar una vuelta es lo mejor para el bebé. Ni lo podemos dejar horas allí o en una mantita sin estímulos de movimiento para su cabeza. Es verdad que hay carros y adaptaciones para carros que evitan el apoyo continuado de la cabeza hacia atrás pero esto no nos debe hacer olvidar lo esencial. El bebé necesita moverse con los padres, sentir el bamboleo de la marcha en su cabeza y en su cuerpo, sentir la presencia y el calor de los padres. Necesita este movimiento aunque esté dormido, porque mientras duerme su cerebro sigue recogiendo estímulos para su maduración y su desarrollo. No pasa nada por que el cuello se le mueva un poco. Ese es un miedo de algunos padres. Es posible sujetarlo un poco con la mano o posicionarlo mejor en la mochila o en la banda que se enrolla alrededor del cuerpo de los padres para llevarlo encima

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