El desarrollo correcto en cada etapa del crecimiento es fundamental, también cuando hablamos de la  prevención de los problemas de atención. Te ofrecemos siete consejos para que acompañes a tu bebé en su proceso de crecimiento.

 

1. El juego en el suelo, bueno para la coordinación general y fina, en el futuro

El desarrollo neuromotor del bebe está marcado por su relación con la gravedad y con el suelo. Durante distintas etapas en la vida del bebé, su relación con el suelo evolucionará desde un primer apoyo sobre los antebrazos para levantar la cabeza hasta un apoyo completo de las manos con los brazos extendidos para incorporarse, sentarse o ponerse en pie. Esta evolución constante a través del perfeccionamiento de movimientos en el camino hacia erguirse y en la forma de apoyar las manos, condiciona el grado de maduración del Sistema Nervioso.

Los niños sin contacto con el suelo, que han estado siempre en la cuna o en el carrito, no han sido capaces de desarrollar movimientos coordinados o de evolucionar en la forma de coger las cosas con las manos. Estos niños, probablemente, presentarán más adelante cierta falta de coordinación en los movimientos, cierta torpeza y la manos tendrán dificultades para una buena prensión de objetos, bolis o una falta de habilidad para vestirse. Esta falta de coordinación general y fina, puede influir claramente en su capacidad de atención y aprendizaje, tal como van poniendo en evidencia distintos estudios.

Mantener al niño en el suelo es una gran manera de que sus manos sigan sintiendo el estímulo al echar el peso sobre ellas, al apoyarse, al desplazarse, al cambiar de la posición tumbada a sentada o de sentada a gatear para coger algo que esté a un par de metros. Todo ello perfecciona la coordinación entre brazos y piernas, el control postural de la columna y el desarrollo de las manos.

Por otro lado, el suelo es el medio natural de un niño. Se dice que nos hacemos mayores conforme nos alejamos del suelo y comenzamos a temerlo. Para un anciano el suelo es algo lejano, peligroso y hostil. Para un niño es su lugar preferencial de juego de forma innata, donde toda la superficie del suelo es su mesa. Donde está en contacto con su cuerpo, sigue teniendo los pies cerca de las manos, puede cambiar de posición constantemente, siente el contacto del suelo estimulando distintas zonas de su piel y mejorando su esquema corporal. Podemos imaginar la diferencia con un niño sentado en una silla ante una mesa sobre la que no tiene más que un pequeño margen de control (la distancia de sus codos), a menudo a una altura inadecuada y con los pies colgando sin contacto con el suelo, prisionero de una estructura de adultos. Y luego a veces nos sorprendemos de que se muevan tanto en la silla…

 

2. La importancia del movimiento rítmico

El movimiento rítmico estimula las conexiones en el cerebelo, una parte clave de nuestro cerebro especializada entre otras muchas cosas en el control fino del movimiento y en el habla. Los bebés desde el comienzo ya agradecen el ser mecidos rítmicamente y los padres de cualquier cultura en cualquier lugar del mundo ejercen este “mecer” de forma innata. De nuevo podemos apreciar cómo el instinto natural nos prepara para ocuparnos de los niños, exactamente como la biología precisa que se haga.

El mover a los bebés rítmicamente no sólo los calma o les da seguridad, sino que es una parte muy importante del desarrollo del Sistema Nervioso a través de los estímulos de movimiento de la cabeza, la información táctil de contacto y la información propioceptiva de los músculos y articulaciones. Hay niños que por distintas circunstancias no tuvieron suficiente estimulación o necesitaron un mayor estímulo de este tipo, con lo que la maduración de su Sistema Nervioso son fue la ideal. Por eso distintos programas de tratamiento de problemas de atención y aprendizaje incluyen ejercicios de movimiento rítmico.

Los juegos y actividades rítmicas como el baile, saltar a la comba, juegos con ritmo, que incluyan especialmente movimientos del cuerpo y cabeza tienen efectos muy beneficiosos sobre el desarrollo del niño y sobre la mejora del control de su propio cuerpo. Son muy beneficiosos aquellos juegos en los que el niño es movido, como por ejemplo rodar por una superficie inclinada o dejarse balancear tumbado encima de una pelota muy grande. Esto tiene repercusiones directas sobre el control de la postura y los movimientos finos que supone la actividad escolar. Incluso será muy positivo sobre la función del habla, aunque pueda ser difícil de asociar para quien no conozca en profundidad el funcionamiento del cerebro.

 

3. Proponle actividades y deportes variados

El máximo desarrollo del niño se consigue gracias al movimiento. Ese es el medio que el Sistema Nervioso utiliza para crear conexiones cerebrales y para establecer correctos y cada vez más avanzados patrones posturales. Al comienzo de la vida los movimientos son muy estereotipados, todos los niños hacen movimientos muy parecidos, que además indican la edad de desarrollo del niño. A partir de los 2 años, los movimientos comienzan a ser más precisos y más individuales. El niño puede seguir mejorando la calidad de sus movimientos y el control de su Sistema Nervioso si hace actividades variadas donde puede usar brazos y piernas.

A veces los niños tienen preferencia por un deporte y pasan todo el tiempo en ese tipo de actividad pero eso no les permite desarrollar la máxima cantidad de patrones de movimiento posibles. Es necesario que practiquen actividades y deportes muy variados y juegos en los que tengan que utilizar distintas capacidades físicas: correr, saltar de diferentes maneras, utilizar brazos y piernas de formas diferentes, ir a cuatro patas, girar en el suelo, utilizar las manos para hacer gestos diferentes o para resumir actividades muy variadas y creativas. Estas actividades pueden precisar la presencia de adultos que motiven y ofrezcan a los niños posibilidades diferentes de juego.

Las capacidades motrices y sensoriales sustentan las capacidades de atención y aprendizaje, y la forma en que el cerebro puede integrar la información. Pero, por supuesto, el juego ofrece muchas otras posibilidades para un niño: a nivel social- relacional, a nivel afectivo, a nivel simbólico, a nivel manipulativo o de aprendizaje de roles, etc. Ayudemos a los niños a jugar a cosas diferentes. Será muy divertido para nosotros como padres y creará vínculos fantásticos entre padres e hijos.

 

4. Potencia su autonomía

Aprendemos y mejoramos lo que hacemos, y perdemos las capacidades que no utilizamos. Este podría ser el resumen de este apartado. ¿Cómo puede un niño adquirir finura en los movimientos de las manos o en la coordinación oculomanual si no se viste o come solo, cuando puede hacerlo?

Potenciar la autonomía tiene repercusiones también a nivel social y psicológico. Quizá podríamos decir que es el sentido último del ser padre o madre, conseguir la mayor autonomía del niño en el menor tiempo posible y adaptada al mundo en el que ha de vivir. A veces por amor, por sentirnos útiles o por las prisas, los padres hacemos por el niño tareas o gestos que podría hacer éste sólo. Y el niño no desarrolla sus capacidades en el mejor entrenamiento diario que podría tener. Esto deja al niño incapaz de afrontar retos futuros cuando no haya nadie para ayudarlo, limita su desarrollo neuromotor y deja al niño en una situación de dependencia nada deseable.

Hemos de estimular al niño para que haga por sí mismo lo que puede ya hacer. Un niño sano, de forma espontánea pide a los padres el hacer las cosas por sí mismo. “Lo hago yo solo” dicen con claridad tantas veces. A veces será necesaria algo de paciencia y siempre imprescindible mostrar nuestra satisfacción al niño por verlo hacer cosas sólo. Demos al niño el espacio, el tiempo y la seguridad para que pueda desarrollar al máximo sus capacidades.

 

5. Realiza una revisión optométrica y limita el uso de pantallas

Todos los niños antes de comenzar la etapa de lectoescritura deberían pasar por un examen optométrico de su visión y no sólo de su vista. ¿Cuál es esta diferencia entre vista y visión? La visión es un concepto más amplio que el de vista. No sólo es necesario conocer la agudeza visual de cada ojo o si existe algún tipo de alteración como la miopía o el astigmatismo. También es necesario medir el esfuerzo que el niño hace para enfocar y para mover los ojos. Es necesario verificar si los ojos se coordinan bien entre ellos y si los movimientos de los ojos son fluidos y fáciles.

Los optometristas del desarrollo pueden observar si las alteraciones del sistema visual tienen relación con una inmadurez del desarrollo neuromotor. Ya que la forma en que el niño desarrolló sus primeros movimientos de la cabeza y del resto del cuerpo, o cómo integró los primeros movimientos reflejos, tiene una influencia muy importante en el sistema visual.

El uso de pantallas o de dispositivos móviles ya forma parte del día a día de casi todos los niños. Es lugar de juego, de entretenimiento y de aprendizaje al que se suman las horas de televisión. Algunas estadísticas hablan de una cantidad considerable de horas diarias de televisión en la mayoría de niños. Este exceso del uso de visión en condiciones particulares de corta distancia y brillo de pantalla puede tener consecuencias sobre la salud del sistema visual.

La gran cantidad de movimiento de los ojos en este esfuerzo visual ante una pantalla contrasta con la gran ausencia de movimiento de la cabeza. Los ojos y la cabeza están programados para moverse en conjunto, para explorar el entorno o para equilibrarnos. Podemos imaginar en cualquier actividad física como un simple juego de “palas de playa”, cómo los ojos y la cabeza se mueven constantemente y en coordinación para seguir la pelota, para darle con más precisión en distintas situaciones o incluso para saber qué hace el otro jugador. Pero incluso si estuviéramos viendo este juego desde fuera, sentados tranquilamente al lado de los jugadores, tendríamos que mover ojos y cabeza de forma coordinada para seguir el juego. Pero delante de una pantalla de una tableta, sentados en un sofá, los ojos se mueven constantemente mientras la cabeza se queda inmóvil. Este es un uso del control de mirada para el que no estamos acostumbrados y que puede provocar problemas futuros. Hay que controlar el tiempo delante de estos dispositivos, no es una cuestión de prohibir sino de controlar el exceso.

 

6. Presta atención a los signos que nos alertan de un problema de desarrollo

Muchos niños presentan problemas de desarrollo que afectan a su actividad escolar pero también a sus relaciones, su comportamiento, su capacidad de atención o su autoestima. Las últimas estadísticas sobre la proporción de niños con problemas de atención y aprendizaje son muy preocupantes. Algunos estudios hablan de datos que pueden rondar el 20 %. Los orientadores escolares atienden cada vez más casos de niños con dificultades claras de rendimiento escolar al margen de su capacidad intelectual. Esto quiere decir, que son muchos los niños inteligentes que se encuentran con dificultades escolares. Esto es debido a los problemas de desarrollo y de maduración neuro-motora.

Las familias podemos estar atentas a los signos que nos indiquen que algo no marcha bien. Entre estos signos podríamos destacar:

  • Excesiva timidez para subir a columpios o bajar desde sitios altos.
  • Excesiva timidez o agresividad relacional.
  • Alta sensibilidad a los ruidos inesperados. El niño se tapa los oídos o se pone nervioso en situaciones de ruido intenso.
  • Retraso al aprender a andar o hablar.
  • Dificultades para vestirse con 6 ó 7 años.
  • Dificultad particular para ir en bicicleta.
  • Dificultades para escribir, leer o copiar más allá de 7 años.
  • Dificultades para sentarse derecho durante periodos cortos de tiempo.
  • Molestias en el cuello, tortícolis o dolores de cabeza.
  • En general mucho esfuerzo del niño para poco rendimiento escolar.

A menudo los padres aprecian ciertos detalles que les hacen pensar que algo no está bien, a veces al comparar al niño o niña con otros hermanos o con otros chicos. El problema es que nuestro entorno sanitario o educativo no siempre es capaz de diagnosticar un problema de desarrollo y sus repercusiones. Incluso no es fácil saber quién es el profesional que puede evaluar estos problemas y plantear el tratamiento más adecuado. Mantener la comunicación abierta con los orientadores y profesores del colegio, que son quienes en el día a día pueden apreciar las dificultades del niño es una gran forma de ayudar a nuestros hijos.

 

7. Consulta a un fisioterapauta pediátrico experto en desarrollo infantil para verificar que todo va bien

Ante la mínima sospecha de un problema de desarrollo, una vez que has contrastado tus impresiones con el equipo pedagógico del colegio, puede ser muy conveniente que un fisioterapeuta pediátrico experto en desarrollo valore las habilidades motrices, su grado de coordinación, su capacidad de controlar el equilibrio, su postura, la forma en que maneja las manos y si hay tensiones en la espalda o en el cuello que pueden haber afectado a la inmadurez del neurodesarrollo.

Distintos profesionales del desarrollo pueden ayudarnos a verificar si el crecimiento y la maduración del niño es la ideal. Terapeutas ocupacionales, optometristas del desarrollo o logopedas del desarrollo entre otros, pueden verificar que todo está bien y darnos pequeñas indicaciones preventivas para facilitar el crecimiento de nuestros hijos. Aunque todos compartamos una visión común sobre el desarrollo del niño, cada uno de estos profesionales tiene además competencias únicas: el optometrista la visión, el logopeda la audición y la expresión verbal o el fisioterapeuta pediátrico los problemas posturales o las contracturas y alteraciones que limitan el movimiento o producen dolor.

Cuando encontramos problemas serios de desarrollo es posible que distintos profesionales tengan que intervenir, valorar y tratar distintos aspectos del niño. Por tanto, es vital que estos profesionales estén coordinados entre ellos y estén en comunicación con los centros escolares o el pediatra. También puede ser muy valiosa (a menudo imprescindible conforme el niño es más mayor) la ayuda de un psicopedagogo o un psicólogo infantil para la gestión de los aspectos emocionales y comportamentales que acompañan a los problemas del desarrollo, sin olvidar nunca que hay un sustrato físico que hay que resolver, ayudando al Sistema Nervioso del niño a madurar.

Iñaki Pastor Pons
Fisioterapeuta Pediátrico y del Desarrollo
Director del Instituto de Terapias Integrativas, espacio de fisioterapia