¿Quién no ha sufrido alguna vez los molestos dolores de una contractura? Este tipo de lesiones son muy frecuentes, especialmente en el hombro y en el cuello, como consecuencia de las malas posturas que adoptamos mientras dormimos o trabajamos. Te explicamos todo lo que necesitas saber sobre los factores que las originan, su tratamiento o su prevención.

 

¿Qué es una contractura?

Realmente, no consideramos las contracturas como algo concreto que podamos coger y tocar, sino que se trata de un concepto más abstracto. Una contractura es la defensa de un músculo que está débil y que por ello, sufre en exceso  el estiramiento de otro.

 

 

¿Cómo tratamos las contracturas?

 

Desde el Instituto de Terapias Integrativas, ITI, ,no consideramos las contracturas como una patología o una lesión única y concreta sino que le damos una visión mucho más global. La característica más frecuente entre los pacientes que sufren contracturas es que las posturas que adopta en su día a día no son las idóneas.

Por eso, como profesionales, en estos casos, no recurrimos a técnicas que hacen fuerza con los dedos, masajean y estiran el músculo sino que en lugar de eso, corregimos la posición: trasladamos la cabeza más atrás y el cuello hacia su eje, colocamos el hombro en su sitio, corregimos la respiración e, incluso, liberamos la tensión de la tripa que puede estar afectando a los músculos de la espalda. Con nuestra terapia manual logramos que el músculo deje de estar en tensión y por lo tanto, la contractura se relaje y desaparezca. Así, casi sin tocarla, conseguimos acabar con ella al tiempo que prevenimos su futura aparición ya que habremos corregido el factor que nos la provocaba.

 

¿Es mejor recurrir a un tratamiento más agresivo o a uno más sutil?

Cuando los músculos sienten dolor, como ocurre en los tratamientos más agresivos, estos se defienden tensándose, lo que provoca que, además, de hacer mucho más difícil un tratamiento efectivo en el paciente, este tipo de técnicas tengan un efecto contraproducente. Por eso, los tratamientos sutiles, en los que empieza tocando una zona que no es el foco del dolor, y con una perspectiva global son más aconsejables.

 

¿Qué otros dolores pueden derivarse de las contracturas?

Es común sufrir dolores irradiados a otras zonas como consecuencia de una contractura. Por ejemplo, si está localizada en el cuello o en el hombro es posible que suframos dolores de cabeza mientras el músculo siga contracturado.

 

¿Qué puedes hacer para evitar la aparición de contracturas?

 

Hacer ejercicio y estirar

Cuanto más flexible y fuerte es un músculo menos probabilidad existe de que se contracture. La mejor manera para conseguir esa fortaleza y flexibilidad es haciendo ejercicio y estirando, siempre y cuando no haya ninguna lesión. Salir con la bicicleta, andar, saltar a la comba o hacer bici estática son buenas opciones.

 

Fisioterapia preventiva

Aunque la tendencia es acudir a un fisioterapeuta cuando hay una lesión y  tenemos dolor, lo más recomendable es optar por la fisioterapia preventiva. Y es que, antes de que el cuerpo manifieste esas dolencias,  lleva tiempo tensándose y creando las contracturas. Así que, igual que acudimos a revisiones anuales al dentista, a nuestro óptico o al cardiólogo es conveniente hacer controles periódicos para comprobar que todo está bien.